La trágica muerte de Brian Cabrera (18) en la segunda noche del corso mercedino no fue un hecho aislado, sino el punto máximo de una ebullición social que recorre la región. Y duele. El fenómeno de la agresividad social que se vuelca diariamente en redes sociales, se traslada a las calles con una ferocidad que las autoridades ya no pueden, ni deben ignorar.
En localidades vecinas, como San Antonio de Areco, el escenario no fue distinto. Los disturbios obligaron al Secretario de Seguridad local, Ramón Ojeda, a dar explicaciones públicas tras una serie de episodios violentos que empañaron los festejos.
«Pelear como diversión»: la alarmante organización de la violencia
Uno de los datos más crudos que arrojó el balance de seguridad en la región es la existencia de grupos que no se cruzan por casualidad, sino que se citan para agredirse. Según Ojeda, el viernes fue la noche más conflictiva en Areco, marcada por la presencia de jóvenes —muchos de ciudades vecinas— que utilizan el marco del evento masivo para enfrentarse.
«Hay grupos de gente que se citan para pelear como diversión», afirmó el funcionario, describiendo una dinámica donde la violencia es el fin y no la consecuencia de una discusión espontánea.
Menores en riesgo y la ausencia de límites
Más allá de las peleas, lo que más preocupa a las autoridades de esa localidad es la bajísima edad de los protagonistas de incidentes vinculados al consumo excesivo de alcohol:
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Casos críticos: Se detectó a un niño de apenas 9 años intoxicado que debió recibir asistencia de minoridad.
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Madrugadas peligrosas: Adolescentes de 13 y 14 años circulando sin control a las 4 de la mañana.
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Agresiones al personal: En Areco, una trabajadora de una cooperativa municipal terminó detenida tras agredir a una inspectora de tránsito.
Un debate que interpela a los adultos
El diagnóstico es compartido en la zona: el operativo de seguridad puede «abortar» situaciones, pero no puede suplir la responsabilidad de crianza. El análisis de las autoridades es directo: cuando un niño de 9 años está en la calle a la madrugada en medio de disturbios, hay un adulto que no está cumpliendo su rol, aseguró el funcionario al medio local Bosco Producciones.
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La decisión de finalizar las noches una hora antes (entre las 2 y las 3 de la mañana) en varias localidades responde a este mapa del conflicto, donde el consumo problemático y la falta de contención familiar transforman la fiesta popular en un escenario de riesgo.
Lo vivido en Mercedes y Areco este verano no son episodios inconexos; son señales claras de un tejido social dañado que requiere una reflexión profunda de toda la comunidad, más allá de la presencia policial en las calles.




