En una entrevista conmovedora en el programa radial de Dato Posta (FM La Tribuna), Juan Balvidares, hermano del soldado caído en Malvinas, reveló detalles dolorosos sobre la desidia estatal y el orgullo inquebrantable de una familia que esperó décadas para conocer la verdad.

La historia de Horacio Balvidares es la de muchos héroes de Malvinas: valentía en el frente y olvido en el continente. Sin embargo, la reciente publicación del Ejército Argentino en su página oficial, reconociendo el acto heroico del soldado mercedino, destapó una realidad agridulce. Su familia no fue notificada por canales oficiales; se enteraron de los detalles del sacrificio de Horacio leyendo la nota de nuestro portal.
«Nos enteramos por ustedes»
En diálogo con Juan Balvidares, hermano de Horacio, la sorpresa fue el sentimiento dominante, aunque no por el valor demostrado por el soldado. «A la familia no nos asombra el comportamiento de él, porque sabíamos la gran persona que era. Sabíamos que era capaz de eso y de mucho más», afirmó Juan. Lo que sí causó impacto fue el silencio institucional de más de cuatro décadas.
«Realmente nos enteramos ahora. Las autoridades tienen poca comunicación con nosotros; lo resuelven, lo publican y nosotros nos enteramos leyendo la nota. Siempre tuvimos más atención de sus compañeros que de las autoridades», sentenció con una mezcla de gratitud hacia los veteranos y decepción hacia el Estado.
El fantasma de la desaparición: Tres meses de incertidumbre
Uno de los momentos más crudos de la entrevista fue el recuerdo de los meses posteriores a la guerra. Mientras el país intentaba procesar la derrota, la familia Balvidares vivía un calvario particular: Horacio figuraba como «desaparecido».
Horacio cayó en combate el 14 de junio de 1982, pero la noticia oficial no llegó a su hogar hasta finales de septiembre o principios de octubre. «Estuvimos dos o tres meses en vilo, queriendo que volviera con vida. Un día, llegué de la escuela y vi los camiones militares en la puerta. Entré llorando, ya sabiendo lo que pasaba», recordó Juan, quien en aquel entonces tenía solo 10 años.
Durante ese tiempo, la falta de información y recursos hizo que la familia dependiera de las escasas visitas militares a su casa en Riestra, ya que no tenían medios para viajar al Regimiento. «Creo que se trató de ocultar muchas cosas», reflexionó Juan sobre aquel «despiole» informativo de la posguerra y del país.
Una madre que nunca dejó de esperar
El impacto emocional fue devastador para su madre, quien falleció el pasado 31 de diciembre sin haber leído este reconocimiento oficial. Juan relató conmovido cómo ella llevó el duelo hasta el último aliento: «Ella nunca lo superó. Hasta el último momento me decía que estaba cansada, que quería estar con Horacio. Imaginate el sufrimiento que tendría adentro».
Hoy, aunque el reconocimiento llega tarde —exactamente 44 años después—, para los Balvidares representa un cierre necesario, aunque incompleto.
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Saldar las deudas de la historia
Juan Balvidares cierra con una reflexión que interpela a toda la sociedad mercedina y argentina: «Me pone contento, pero me da bronca que hayan tardado tanto. Está bueno que se salden esas deudas, que se reconozcan a los héroes, pero también es importante que aprecien a los que tenemos con vida, a los que caminan entre nosotros y a veces parece que no los vemos».
La historia de Horacio Balvidares ya no es solo un recuerdo familiar en un campo camino a Navarro; hoy es un acto de justicia que, gracias a la difusión periodística, finalmente le otorga al héroe el lugar que siempre mereció en la memoria colectiva.
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