Un día como hoy, pero de 1987, la historia civil de nuestro país cambiaba para siempre. El 8 de junio de aquel año se promulgaba la Ley de Divorcio Vincular (N° 23.515), una legislación clave que modificó el Código Civil argentino y permitió, por primera vez de forma definitiva, la disolución legal del matrimonio.
Aunque hoy nos parezca algo cotidiano, su debate levantó una polvareda histórica que dividió aguas en el arco político, la sociedad y provocó un durísimo enfrentamiento con la Iglesia Católica. Con su entrada en vigencia el 12 de junio tras publicarse en el Boletín Oficial, la ley le dio un marco legal y una nueva oportunidad a más de 2.500.000 de argentinos que ya estaban separados de hecho y atrapados en un limbo legal.
Sin embargo, las vueltas de la historia y las estadísticas nos regalan un dato de color espectacular sobre cómo cambiaron las costumbres rioplatenses con las décadas.
El día que los divorcios vencieron a los matrimonios
Más allá de la enorme expectativa que generó la ley a fines de los 80, el verdadero quiebre estadístico se dio unas décadas después, en un contexto impensado.
El dato curioso: Por primera vez en la historia, la inscripción de divorcios superó a la de matrimonios en la Ciudad de Buenos Aires. Ocurrió durante el particular año 2020: mientras 4.480 parejas disolvieron formalmente su vínculo, solamente 3.861 decidieron dar el «sí, quiero».
Según los datos del Registro Civil porteño, las separaciones le ganaron a los enlaces por una diferencia notable. Está claro que entre la pandemia, la convivencia obligatoria y los nuevos paradigmas culturales, el viejo lema de «hasta que la muerte los separe» empezó a ceder terreno ante los nuevos tiempos de libertad civil que se inauguraron un 8 de junio de 1987.
