Un día como hoy, en 1994, fallecía Raúl Soldi. Figura central del arte argentino, su legado no solo habita en los museos más importantes del mundo, sino también en los rincones más emblemáticos de nuestra provincia y en la cúpula del máximo coliseo lírico del país.
Hijo de músicos, Soldi nació en 1905 con el destino marcado por el arte: su nombre fue inspirado por la ópera Los Hugonotes. Desde su infancia entre títeres y teatros hasta su consagración internacional, su vida estuvo llena de anécdotas que forjaron su estilo inconfundible.

1. El respaldo de Spilimbergo ante el rechazo
En 1933, tras formarse en Italia, Soldi regresó a Buenos Aires y presentó una obra en el Salón Nacional. El jurado la rechazó, enviándola a la «Sala B» de los no admitidos. Allí, el gran Lino Enea Spilimbergo se detuvo frente a su cuadro y exclamó indignado: “¡Cómo han rechazado este cuadro, si es muy bueno!”. Fue el espaldarazo necesario para un joven artista que recién comenzaba.
2. El «período de las vacas flacas» en el cine
Durante años, Soldi trabajó como escenógrafo para Argentina Sono Film, pintando decorados para directores como Daniel Tinayre. Trabajaba de 7 a 7, y solo podía pintar su propia obra de madrugada, entre la 1 y las 4 de la mañana. Por la falta de luz natural, usaba amarillos muy intensos; los críticos llamaron a esto su «período amarillo», pero él prefería recordarlo como su «período de las vacas flacas».
3. Glew: 23 veranos de amor y frescos
Soldi se enamoró de la Capilla de Santa Ana en la localidad bonaerense de Glew. Durante 23 veranos consecutivos, se dedicó a pintar los murales del templo utilizando la técnica renacentista del fresco. En 1979, junto a su esposa Estela Gaitán, creó la Fundación Soldi en dicha localidad, donde hoy descansa gran parte de su colección privada.
4. El secreto acústico en la cúpula del Teatro Colón
En 1966, recomendado por su amigo Manuel Mujica Láinez, Soldi asumió el desafío de pintar la cúpula del Teatro Colón. Son 318 metros cuadrados donde representó a 53 figuras, entre músicos y actores.
Dato clave: La obra está realizada sobre una estructura de yeso belga que es fundamental para la acústica perfecta del teatro, reconocida mundialmente.

5. Un legado que cruzó fronteras
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En Tierra Santa: Pintó un mural de seis metros en la Basílica de la Anunciación, en Nazareth (Israel).
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En el Vaticano: Su obra «Santa Ana y la Virgen» forma parte de la galería de Arte Sagrado de la Santa Sede.
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En la Provincia: Además de Glew, dejó su huella en Tres Arroyos, Castelar y San Isidro.
Su última gran exposición en el Palais de Glace (1992) convocó a más de 500.000 personas, una cifra récord que demostró el inmenso cariño de los argentinos por un artista que supo unir la vanguardia con la sensibilidad popular.




