Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, cuestionó la euforia por los últimos datos del Indec. Aseguró que la clase media no siente la mejora y que el peso de las tarifas está asfixiando la capacidad de compra de los hogares.
Aunque los números oficiales del Indec mostraron un retroceso en los índices de pobreza, desde la Universidad Católica Argentina (UCA) pusieron un freno al optimismo. Agustín Salvia, titular del Observatorio de la Deuda Social, calificó esta mejora como una “ficción metodológica”, advirtiendo que la realidad que se vive en los hogares dista mucho de lo que reflejan las estadísticas.
En diálogo con Splendid AM 990, el sociólogo explicó que, si bien técnicamente la pobreza bajó, el fenómeno tiene más que ver con cómo se mide que con una recuperación real del poder adquisitivo. “Hay un problema de realismo en esas mediciones”, sentenció.
El peso de las tarifas y una canasta desactualizada
El punto central de la crítica de Salvia reside en que el Indec utiliza parámetros de consumo de los años 2004 y 2005. Hace dos décadas, una familia destinaba casi todo su ingreso a la comida; hoy, el costo de los servicios básicos (luz, gas, agua, transporte y comunicación) se lleva la mayor parte del presupuesto.
“La gente deja de ser pobre por estadística porque puede cubrir la canasta básica, pero no porque tenga más capacidad de consumo. Al contrario, hoy se consume menos leche y menos yerba porque el dinero se va en pagar la luz”, graficó Salvia.
Radiografía de un estancamiento social
Para el especialista, el escenario actual se asemeja a los niveles de la pospandemia (2021-2022), pero con un agravante: un mercado laboral que no reacciona. Según el análisis de la UCA, la situación se resume en tres ejes críticos:
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Consumo en mínimos: La clase media-baja está achicando gastos corrientes y recortando en «capital humano», como salud, educación y mantenimiento de la vivienda.
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Empleo estancado: Mientras el empleo público cae, el sector privado no genera nuevos puestos de calidad, derivando en un aumento de la informalidad y la precariedad.
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Pobreza estructural: Salvia advirtió que el país está «cristalizando» un piso de pobreza de entre el 25% y 30% que parece difícil de perforar.
Lo que viene
Hacia adelante, el panorama no parece mejorar en el corto plazo. El director del Observatorio adelantó que los datos preliminares del cuarto trimestre ya muestran un leve deterioro, posicionando la pobreza nuevamente cerca del 30%.
Si bien reconoció que la desaceleración de la inflación en alimentos ayudó a frenar la indigencia, Salvia concluyó que, mientras no exista una creación genuina de empleo privado, la sensación de alivio en el bolsillo seguirá siendo, precisamente, una ficción.
Fuente: Con información de Splendid AM 990.




