Tras una vida de cautiverio y un histórico traslado a Europa hace alrededor de 40 días, la emblemática felina falleció en un santuario de España. Tenía más de 20 años y pasó sus últimos días bajo el sol del Mediterráneo, lejos de las rejas y el cemento.
La ONG Four Paws envió un comunicado en el que se informó que el miércoles 1 de abril falleció la tigresa Flora que había sido trasladada al santuario FELIDA en los Países Bajos. La tigresa había sido rescatada del ex zoológico de Luján el 23 de febrero. En ese momento, fue rescatada junto con dos osos. Al momento, todavía quedan más de sesenta grandes felinos y otras especies de animales en condiciones precarias después de que el predio cerrara en 2020.
Hay noticias que, aunque esperadas por el paso del tiempo, no dejan de conmover. En las últimas horas se confirmó la muerte de Flora, la tigresa de Bengala que se convirtió en el símbolo de la lucha contra el cautiverio en nuestra región. Su fallecimiento ocurrió en el santuario AAP Primadomus, en Alicante, España, el lugar que le devolvió la dignidad que el encierro le había arrebatado.
Un final digno para una vida difícil
Según explicaron los profesionales que la asistieron hasta el último momento, Flora presentaba un deterioro físico propio de su avanzada edad, superando los 20 años. A pesar de los tratamientos veterinarios para paliar sus dolencias, el cuadro se tornó irreversible.
Sin embargo, para quienes siguieron su historia, hay un consuelo que prevalece: Flora no murió entre los muros de cemento del cuestionado predio lujanense, sino en un entorno natural, rodeada de cuidados y respeto.
El viaje que le cambió el destino
La historia de Flora quedó grabada en la memoria colectiva días atrás. En aquel entonces, tras años de reclamos de organizaciones proteccionistas y un complejo operativo logístico internacional, se logró su traslado a Europa.
Aquel viaje fue mucho más que una mudanza: fue el fin de una era. Por primera vez en su vida, Flora pudo:
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Sentir el pasto y la tierra bajo sus garras.
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Explorar un entorno sin la mirada constante del público.
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Desarrollar instintos que habían permanecido dormidos durante décadas de exhibición.
Un legado que trasciende
La partida de la tigresa reaviva un debate necesario sobre el futuro de los animales que aún permanecen en instituciones similares en Argentina. El caso de Flora sentó un precedente fundamental, demostrando que, con voluntad política y el trabajo de fundaciones internacionales, el traslado a santuarios es una salida posible y humana.
«Aunque la tristeza es grande, nos queda la paz de saber que conoció la libertad», expresaron desde los sectores que impulsaron su liberación.
Flora ya no está, pero su historia queda como un recordatorio poderoso. Nos enseñó que nunca es tarde para la justicia y que la libertad, incluso cuando llega en el tramo final del camino, es el único cierre que le devuelve la dignidad a la vida.





