A 44 años de la recuperación de las Islas, la Plaza San José volvió a ser el epicentro del recuerdo. Veteranos, familiares y vecinos se unieron en un acto donde la memoria le ganó la batalla al olvido. Los testimonios de Walter Castro, Roberto Estévez y el emotivo relato de una madre de la guerra.
MERCEDES. — Al costado del monumento que los inmortaliza, un grupo de hombres se abraza. Entre bromas y uniformes que lucen insignias de orgullo, se percibe una hermandad forjada en el frío y el estruendo. Son los veteranos mercedinos, aquellos que a sus 20 años dejaron los sueños en pausa para defender el suelo austral. Este 2 de abril, al cumplirse 44 años de la gesta, la ciudad volvió a rendirles tributo en la Plaza San José.
El acto, uno de los más masivos del calendario local, contó con la presencia de autoridades, delegaciones escolares y una comunidad que se volcó a abrazar a sus protagonistas. Bajo un cielo plomizo que parecía acompañar la solemnidad del encuentro, las palabras de los protagonistas recordaron que la herida de Malvinas sigue abierta, pero sanando a través del reconocimiento.
Voces de la trinchera: «Mis recuerdos no tienen colores»
Walter Castro, integrante del Centro de Veteranos, compartió una de esas historias que cortan la respiración. Apenas siete días lo separaban de la baja del Servicio Militar cuando el destino lo envió a las islas.
«No sé cómo superé todo lo que vivimos. En esta fecha me tomo un tiempo para estar solo y pensar en los compañeros que ya no tengo cerca», confesó Castro detrás de sus anteojos oscuros. «Mis imágenes en el recuerdo no tienen colores. En Malvinas todo es gris. Por eso hoy ejercitamos la memoria, para que las nuevas generaciones sepan de qué se trató la guerra».
Por su parte, el veterano Roberto Estévez dejó una frase que resonó frente a cientos de alumnos: “El olvido es la única batalla que no podemos darnos el lujo de perder”. Su mensaje fue un tributo a los «centinelas» que quedaron custodiando la Isla Soledad y la Gran Malvina.
El legado y el dolor de las familias
La cronica de Malvinas en Mercedes no está completa sin quienes esperaron en casa. Daniel Fiorebello, hijo del veterano Miguel Fiorebello, recordó el impacto de descubrir la historia de su padre a los 14 años: «Nunca nos dijo nada. Me pregunto cómo pudo, con 18 años, vivir todo eso. Como hijos, no podemos estar al margen, debemos continuar el legado».
Uno de los momentos más desgarradores y dulces a la vez fue el testimonio de Marta Chiappuzzi, madre de un ex combatiente. A sus 80 años, recordó los 72 días de silencio absoluto, sin cartas ni noticias, esperando el regreso de su hijo. «Yo no quería llorar. Solo le pedía a Dios que volviera sano», recordó emocionada. Marta revivió aquel instante en que vio a su hijo asomarse por la ventanilla de un colectivo verde frente al regimiento, devolviéndole el alma al cuerpo.
Un reclamo que no cesa
El intendente Juan Ignacio Ustarroz destacó la labor pedagógica de los veteranos en escuelas y barrios, señalándola como el «mecanismo preciso para contagiar el sentimiento soberano». El cierre musical, a cargo de Mili Vallejos, Agustín Vitta y Guido Paternesi, puso melodía a un sentimiento colectivo que, a pesar del paso del tiempo, se mantiene intacto.
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Malvinas en Mercedes no es solo una fecha en el almanaque; es, como se sintió en la plaza, un acto de amor, respeto y, por sobre todo, de memoria innegociable.





