En un nuevo aniversario o recordatorio de la gesta, las redes oficiales del Ejército Argentino destacaron una historia de valor y hermandad que tiene como protagonista a un hijo de nuestra ciudad: el soldado Horacio Balvidares. Su accionar durante el cruento combate de Monte Tumbledown representa el máximo ejemplo de camaradería y cumplimiento del deber.
El contexto del combate
La noche del 13 de junio de 1982 marcó el inicio de una de las batallas más feroces de la guerra. Tumbledown era una posición clave en el avance británico hacia Puerto Argentino. Allí, efectivos del Batallón de Infantería de Marina 5, junto a los Regimientos de Infantería 4 y 6, resistieron en condiciones extremas, enfrentando combates cuerpo a cuerpo y un incesante fuego de artillería.
Los hombres de la Compañía «B» del RI 6, entre los que se encontraba Balvidares, recibieron la orden de bloquear un flanco para apoyar a la Infantería de Marina. En medio de la oscuridad, apenas iluminada por bengalas y explosiones, comenzó el avance hacia el peligro.

Un rescate bajo fuego
En medio del despliegue, un soldado argentino cayó herido en sus piernas. Al intentar auxiliarlo, el soldado Adorno también fue alcanzado por un disparo, sufriendo una herida de gravedad en su brazo que lo dejó inmovilizado sobre las rocas.
Fue en ese momento cuando Horacio Balvidares intervino con una determinación heroica. Sin dudarlo, cargó a su compañero al hombro y emprendió una caminata de varios kilómetros desde las alturas de Tumbledown hasta las afueras de Puerto Argentino, donde finalmente pudo entregarlo a un enfermero.
El regreso y el sacrificio final
Lo que agiganta la figura del mercedino es lo que sucedió después. Una vez que puso a salvo a su camarada y estando ya en una zona de mayor seguridad, Balvidares decidió dar media vuelta. Sabía que su sección seguía bajo fuego y que sus compañeros lo necesitaban.
En el trayecto de regreso al frente de batalla, bajo un cruce letal de proyectiles, el soldado mercedino fue alcanzado por una esquirla de artillería enemiga que le quitó la vida.

Un legado que permanece
«Un valiente que rescata a otro valiente», reza el reconocimiento oficial. El sacrificio de Balvidares no fue en vano: salvó una vida que hoy, décadas después, lo sigue recordando con gratitud eterna.
Para Mercedes, la historia de Horacio Balvidares es un recordatorio del coraje de aquellos jóvenes que, fieles a su juramento, lo dieron todo en las islas. Su nombre, ahora resaltado por el Ejército Argentino, reafirma su lugar de honor en la historia grande de nuestra patria. En Mercedes, hay un barrio que lleva su nombre.
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