Por: Dr Guillermo San Martin
Me pidieron que escriba algo sobre el día de hoy.
Siendo el mediodía ya casi todo se ha dicho.
Voces democráticas -y no tanto- han contado lo que fue la tiranía: secuestros, torturas, asesinatos, robos, destrucción de la economía productivista.
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Voces del gobierno han contado que eso comenzó antes, que la subversión llevó a la fuerzas armadas a tomar ese camino.
Sin excepción han considerado inevitable ese luctuoso suceso: que los subversivos querían tomar el gobierno, que la presidencia de Isabel era un desastre como ninguna, dicen unos; que el imperialismo ya tenía planificado todo, que los factores de poder de siempre impedirían el gobierno del pueblo, dicen otros.
¿Por qué inevitable? me pregunto.
Porque no teníamos fe en la Democracia.
Porque pensábamos que las instituciones eran una “democracia formal” que no solucionaba nada.
Faltaban solamente siete meses para las elecciones que hubiesen terminado con ese pésimo gobierno peronista.
¿Por qué no esperamos?.
Acaso creíamos que vendría una “dicta blanda” como otras?. Gran error: el comportamiento de las FFAA en el Operativo Independencia evidenciaba que no se andaban con chiquitas.
Acaso pensábamos que era bueno “agudizar las contradicciones” para que el sistema tradicional llegara a su fin?. Desconocimiento de la Historia Americana pues salvo en Cuba, por el apoyo de la URSS, todos los intentos para acabar con el capitalismo habían terminado en un capitalismo más salvaje.
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Un hombre, con palabras de Almafuerte, nos recordó que “todos los incurables tienen cura cinco minutos antes de su muerte”. Nadie le hizo caso y vino el derrumbe. Llegó la oscuridad. Nada de lo previsto se cumplió: ni la dictadura fue blanda, ni el capitalismo pereció. La represión no tuvo límite. Sólo se salvaron los que desde confortables lugares mandaron los jóvenes a la muerte
Cuando, fracasados en su intención de perpetuarse por muchos años más, los que gobernaban se fueron, comprendimos que había que hacer un pacto fundamental: refundar la Democracia
Un hombre, discípulo del otro que clamó por salvar la República aunque fuese con muletas, supo interpretar el deseo del pueblo.
Y el pacto implícito se hizo. Y funcionó pese a los intentos desde uno y otro extremo para que fracasara y ha durado cuarenta y tres años.
¿Habremos aprendido? ¿Sabremos lo que valen las instituciones? ¿Tendremos fuerza y coraje para defender a la Política de los embates de la anti política? ¿Nos sobrepondremos a las prédicas que basan el accionar en el esquema amigo-enemigo?.
Creo que si.






