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sábado, enero 3, 2026

BREVES HISTORIAS DE MERCEDES: EL ULTIMO AUTO ARGENTINO NACIO EN NUESTRA CIUDAD

Eduardo Sal-Lari es un ingeniero que supo ser el dueño de la última fabrica de automóviles en el país con capital 100% argentino, IES S.A. (Industrias Eduardo Sal-Lari S.A.). La planta funcionaba en el predio en el que hoy tiene sus instalaciones Agrale, en ruta 5 a la altura del kilómetro 89.500, en Mercedes.

Modelos IES con planta de fabricación al fondo (hoy Agrale)

Allí se convirtió el modelo 3CV de Citroën en un auto criollo, que sigue siendo un referente del automovilismo argentino. También se crearon los modelos Gringo y Gringa y hasta un vehículo para usarse en la Guerra de Malvinas.

IES produjo autos durante ocho años, hasta que debió cerrar debido a problemas económicos vinculados con un incumplimiento de un préstamo que debía ser otorgado por el gobierno nacional y manejos políticos de ética dudosa.

Sal-Lari actualmente tiene 82 años, vive en Salta y se dedica, junto con su esposa Silvia, a la elaboración casera y venta casa por casa de medialunas congeladas.

Eduardo Sal-Lari y su esposa Silvia

Cuenta respecto de su amor por los fierros que “la pasión por los autos está desde que nací. A los 4 años me regalaron un mecano que era una caja que contenía todo tipo de componentes con los que podías armar grúas, vagones, puentes, vehículos. Me gustaba hacer autitos, camiones y a algunos les puse dirección. A medida que iba creciendo les mis dije a mis padres que iba a ser ingeniero industrial”.

Su vínculo con Citroën viene desde muy chico, ya que su padre trabajó para la marca francesa. “En determinado momento, tenía 17 años, y mi papá era empleado de Automóviles Citroën. Un día llegaron al puerto los 2CV y el jefe de mi papá, como sabía que me gustaban los autos, le dijo que me avisara. El primer 2CV que llegó a la Argentina lo bajé yo. No soñaba con lo que después me tocó vivir”, recuerda.

“Me recibí de ingeniero, hice algunas locuras que no tuvieron que ver con los autos. Era asesor industrial y luego mi primer suegro tenía un campo en Orán y en otra localidad llamada Los Toldos. Pero hubo un año de desavenencias en el campo familiar y volví a hacer asesoría”, continúa.

“Luego fuí titular Daher Boge, donde éramos proveedores exclusivos de amortiguadores de General Motors, entre otras fábricas. Hasta que un día decidí que iba a poner un taller mecánico de alta gama y apareció la gente de Citroën que me preguntó si me interesaba tener la distribución de los autos importados. Pero no quise ser uno más sino ser exclusivo, y coincidió que en ese momento el presidente de la empresa era el mismo que era el jefe de mi padre”, asegura sobre el gran paso que dio en su carrera.

El ingeniero fue por más y se le ocurrió argentinizar los autos franceses: “Fue a fines de 1981 que viajé a Francia y le dije a un amigo ‘si firmo esto, voy a terminar fabricando automóviles’. El 2 de febrero de 1982 conseguí ser importador, pero a los pocos días apareció un intermediario que me vendía todo el equipamiento para fabricar el motor y caja de velocidades del 3CV. Compramos las máquinas a un precio casi de regalo, como si fuese chatarra. Eso fue una premonición”.

“El 2 de abril comenzó la guerra de Malvinas y se me acabó el negocio. Con esto la única alternativa era fabricar automóviles. Era algo muy difícil y debía tener la autorización del Gobierno argentino… Les dije que si ellos me daban la licencia yo corría con los gastos. Entonces apareció la Armada para preguntarnos si podíamos venderle motores de 3CV para armar un vehículo para usarse Malvinas. Les puse la planta a disposición y el militar que vino me dijo ‘después usted nos va a pasar la factura’ y le respondí que ‘solo les voy cobrar los trabajos de la fábrica porque le tengo que pagar a la gente’. Vino un ingeniero de ellos y armamos el vehículo, pero se terminaron cuando la guerra finalizó”.

Senidtracio, vehículo 8 x 8 fabricado por IES para ser usado durante la guerra de Malvinas

No obstante siguió con el objetivo de poder fabricar los autos a pesar de algunas trabas: “Fui a la Secretaría de Industria con la idea de fabricar el auto y les dije que iba a dar trabajo a mucha gente y el señor que me atendió dijo ‘personas como usted los quiero en la Secretaría de Industria’. Pero luego rechazó todos los pedidos que hice a la Secretaria. Esto se resolvió con una solicitada en los diarios llamada ‘El pecado de ser argentino’ y más tarde me recibió el Ministro de Economía, quien me dijo que tenía la capacidad suficiente, pero no la capacidad económica”.

“Entonces el 6 de enero de 1983 nos dieron autorización para fabricar automóviles y fue necesario un decreto presidencial para gozar de los beneficios de la ley de la industria automotriz para tener partes importadas. De todas formas el 3CV y el Gringo eran vehículos ciento por ciento nacionales. La fábrica se construyó con fondos propios sin ningún tipo de crédito. En mayo se colocó la piedra fundamental y en noviembre empezaron a salir los autos terminados”, explica.

El proyecto de Sal-Lari incluyó un beneficio único para sus obreros, que fue la posibilidad que tuvieran sus casas en un barrio cercano a la fábrica ubicada en Gowland. “Se llamó Barrio Obrero (conocido también como Barrio IES) y era un plan donde la gente pagaba su casa con un descuento del 20 por ciento en el recibo de sueldo, con la condición de trabajar tres horas extras de lunes a viernes y seis los sábados. Solo se les cobraron los materiales y ellos mismos fabricaron sus viviendas de dos o tres dormitorios. No se les regaló nada, pero sí su dignidad”, describe.

Esquina típica del Barrio Obrero (también llamado Barrio IES) en Gowland-Agote

El IES 3CV se convirtió en el auto para la gente de bajos recursos, con una mecánica sencilla y muy económico en su mantenimiento. “Eran coches populares: baratos, fáciles de reparar, y en el barro andaban fantástico. Fueron los autos de una época”, define.

IES modelo 3CV

Mientras tanto la fábrica siguió funcionando, pero a finales de la década todo se terminó: “Fui un ingenuo y no podés creer en los políticos. Cuando Carlos Menem estaba en campaña visitó la fábrica y me pidió una planta en La Rioja, en Chilecito y la pusimos con nuestros recursos. Para seguir sacamos un préstamo un crédito en conjunto del Banco Nación, Banco Provincia, la Caja de Ahorro y el Banco Ciudad, para capitalizarme y poder fabricar los autos para el plan de ahorro de la gente, ya con Menem de presidente. En noviembre de 1989 me dieron el diez por ciento del préstamo, me hipotecaron todo lo que tenía, me prendaron toda la fábrica y 15 o 20 días más tarde no pude cobrar el resto del préstamo. Vino la inspección de la Justicia y me sacaron de la conducción de la fábrica. Supe que Menem, asociado con Franco Macri (por entonces a cargo de SEVEL), tuvieron la decisión de mandarme a la quiebra. En aquella época también se quebró mi vida porque yo quebré como ser humano”.

“Desde esa fecha hasta hace tres años nunca pude ganar lo que necesitaba para vivir. Trabajé en una fábrica de municiones y hasta vendí madera. Pero en 2018 me puse a asesorar a una fábrica de medialunas y como no me gustaron cómo las hacían, quise hacer mis propias medialunas. Empecé a venderlas y las llevaba freezadas y tenía una bolsa donde podía llevar cinco docenas. Iba caminando y preguntaba por los comercios y por las casas. Acá fue clave mi actual mujer que tenía un restaurante en Buenos Aires con su familia y, como quebró en 2018, se sumó al emprendimiento y fabricamos las medialunas a medias”, cuenta con orgullo.

Esta historia fue retratada por un fotoperiodista vinculado al automovilismo, quien un día encontró en el parabrisas de su auto una nota que decía: “Mi nombre es Andrés Sal-Lari y mi padre me decía Gringo de pequeño, por eso le puso así a este auto… por favor, llámeme”.

IES modelo Gringo

A partir de ese encuentro, ayudado por Andrés y atrapado por su oficio periodístico, Guillermo Cantón comienzó a ahondar en la historia de IES.

De esta unión entre la pasión por los automóviles y el orgullo por la historia familiar, surgió «Dos Gringos», un documental ameno protagonizado por el mismo Eduardo Sal-Lari, su esposa Silvia, su hijo Andrés y que suma también el relato de antiguos empleados de la fábrica que, además, aun viven en el barrio IES de Gowland-Agote, contando en primera persona historias inéditas de este emprendimiento que tuvo como testigo principal a nuestra ciudad, Mercedes.

 

Fuentes: AutoHistoria / Consumer Periodismo / Dos Gringos, una utopía sobre ruedas, Guillermo Cantón / Archivo de Autos

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