BIENVENIDOS AL TREN

Todo lo que la humanidad conoce hasta hoy se lo debe a la inteligencia natural de la especie a la que pertenecemos, y es simplemente el resultado de la evolución biológica experimentada durante millones de años. Es una red compleja que reúne múltiples factores entrelazados, causas y efectos concatenados que no tienen fin. Con todo, es “natural” que
nos asombremos por cada nuevo descubrimiento, porque la sorpresa termina por convertirse en un nuevo impulso para seguir investigando y aprendiendo.

Nuestra inteligencia natural tiene limitaciones. Requiere descanso, sufre de sesgos cognitivos, y tiene una capacidad de memoria y cálculo limitada en comparación con las máquinas. Por otra parte, a su favor, posee empatía, intuición, sentido moral y la habilidad
de comprender el contexto social o emocional.

En cambio, la inteligencia artificial, también creada por el ser humano, es excelente analizando patrones complejos, resolviendo cálculos matemáticos, automatizando tareas repetitivas a gran escala y responde con una asombrosa celeridad. Obviamente también
tiene limitaciones. Carece de verdadera conciencia o emociones, es vulnerable a sesgos en sus datos de entrenamiento y no comprende el “significado” real detrás de lo que procesa.

Probablemente, todo lo que se vaticina respecto a evolución de la inteligencia artificial, pensada a 10 o 20 años también nos asombre, y hasta puede ser preocupante en materia de salud, trabajo, educación, etc. Pero, resulta más que evidente que llegó para
quedarse, y ante esta realidad me pregunto: ¿qué estamos haciendo para ser parte de lo que se avecina?

Así como la irrupción de la inteligencia artificial nos obliga a investigarla y conocerla a fondo, para saber de qué se trata, también la realidad política actual nos exige un replanteo dentro de nuestro propio espacio. Nunca más oportuno juntarnos para debatir y proyectar que papel cumpliremos ante estos nuevos desafíos. El lugar de encuentro es el espacio de Movimiento Nacional y Popular, espacio donde la unidad del Peronismo resulta impostergable, y determinante para decidir si seremos protagonistas principales, de reparto o simplemente espectadores.

La República Argentina cuenta con valiosos recursos humanos, y preciados recursos naturales, casi todo lo que se necesita para ser parte del futuro que vendrá, tierra, agua potable, viento, sol, metales, minerales, y las reservas energéticas imprescindibles.

Es por esto que, saber leer e interpretar la realidad es y seguirá siendo el primer paso esencial de la política. Pensar antes de actuar.

Este principio ha trascendido ideologías, teorías y experiencias colectivas a lo largo de toda nuestra historia como humanidad.

Urge reflexionar, mirar hacia atrás, sin culpas ni reproches, ni autoflagelación, y hacer un balance de lo que pensamos y realizamos, evaluando si alcanzamos los resultados que nos propusimos. Crear ámbitos colectivos donde crítica y objetivamente, nos preguntemos: ¿por qué llegamos hasta acá? y buscar las respuestas.

Después de los golpes recibidos porque las cosas no salieron como pretendimos y habiendo superado el bajón anímico y desesperanzador que la derrota acarrea, aún conservamos valiosas inquietudes, esas asignaturas pendientes que provocan una amplia y más profunda visión de la realidad y que nos impulsa a cambiar.

Solo al cambiar nuestra perspectiva y flexibilizar nuestros esquemas de pensamientos, ampliándolos, seremos capaces de entender la crisis como una oportunidad. Últimamente todo se ha acelerado, todo pasa muy rápido, lo que nos obliga a reaccionar sin dilaciones.

Está en juego nuestra integridad y nuestra soberanía como Nación. Debemos apelar al bagaje heurístico colectivo, a nuestra conciencia nacional y popular, a la conciencia de las mayorías, esa que otrora supimos construir gracias a nuestra inteligencia natural.

Ante este nuevo panorama, me surge una pregunta clave: ¿nos subimos al tren?

Daniel Ríos

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