El fallecimiento de Mía Celeste Rodríguez, una niña de 10 años en General Belgrano, ha encendido las alarmas en el territorio bonaerense. Con este caso, ya suman cuatro las víctimas fatales por hantavirus en las últimas semanas, afectando a localidades como San Andrés de Giles, Chacabuco y Mar del Plata.
La menor residía en el paraje rural Chas y su deceso se produjo el pasado 8 de enero. Tras la confirmación del diagnóstico mediante el sistema SISA, el municipio inició un bloqueo sanitario con tareas de desratización y fumigación. Sin embargo, el caso no está exento de polémica: vecinos y familiares cuestionaron la atención inicial en el hospital local, denunciando que la niña fue tratada con ibuprofeno mientras su cuadro empeoraba, y que el traslado a La Plata se logró por insistencia de sus padres.
Las autoridades de salud refuerzan el llamado a la prevención, recordando que el virus se transmite por la inhalación de partículas de desechos de roedores silvestres. Aunque no se habla de un brote activo, la letalidad del virus (que en 2025 alcanzó el 30% a nivel nacional) obliga a extremar cuidados en zonas rurales y periurbanas.

