Un informe de la Fundación Soberanía Sanitaria, basado en datos oficiales de la DEIS, revela que la tasa de fallecimientos de menores de un año creció un 6,25%. El fenómeno, que rompe una tendencia de 20 años a la baja, impacta con mayor fuerza en el componente neonatal y en las provincias más vulnerables.
La mortalidad infantil en Argentina registró un preocupante salto durante el 2024, encendiendo alarmas tanto en el sector sanitario como en el social. Según las estadísticas de la Dirección de Estadísticas e Información de la Salud (DEIS), analizadas por la Fundación Soberanía Sanitaria (FSS), la tasa ascendió de 8 muertes por cada 1.000 nacidos vivos en 2023 a 8,5 en 2024.

Este incremento representa la suba más pronunciada desde la crisis de 2002, marcando un quiebre en el descenso sostenido que el país venía experimentando durante las últimas dos décadas.
El termómetro de la crisis
Para los especialistas, la mortalidad infantil no es un número aislado, sino uno de los indicadores más sensibles para medir la calidad de vida de una población y la eficacia de sus políticas públicas. El informe destaca que los periodos de ajuste económico y debilitamiento del sistema de salud suelen coincidir con el estancamiento o el aumento de este índice.
Desigualdad en el territorio
El informe de la FSS subraya que el aumento no fue uniforme en todo el país, lo que evidencia una profunda brecha de equidad:
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15 de las 24 jurisdicciones registraron aumentos en la mortalidad infantil.
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En ocho provincias, el incremento superó el 10%.
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En otras cuatro provincias, la suba fue superior al 20%.

El foco en el recién nacido
El dato más crítico se encuentra en la mortalidad neonatal (muertes dentro de los primeros 28 días de vida), que explica casi la totalidad del aumento general. Mientras que la mortalidad posneonatal se mantuvo estable, la neonatal saltó de 5,5 a 6.
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Este componente está directamente vinculado a la calidad del control del embarazo, la atención en el parto y el acceso a tecnologías médicas básicas para el recién nacido.
Políticas en retirada
El análisis vincula este retroceso con el «debilitamiento de políticas perinatales clave» durante el último año. Entre los puntos que señala el informe como causas directas del deterioro se encuentran:
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Falta de insumos críticos: Suspensión en la provisión nacional de medicamentos como el surfactante pulmonar y la gammaglobulina anti-RH.
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Programas interrumpidos: Desmantelamiento del Programa de Sueño Seguro y deterioro del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas.
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Barreras de acceso: El aumento de la desocupación y la crisis económica dificultan que las personas gestantes realicen los controles preventivos necesarios, volcándose al sistema de salud solo ante situaciones de emergencia.
Conclusión y alerta
Desde la Fundación Soberanía Sanitaria concluyen que este aumento «no puede interpretarse como un hecho aislado», sino como una consecuencia directa del contexto de ajuste económico y la retracción del Estado en materia de cuidados básicos. La reversión de estos indicadores plantea la necesidad urgente de revisar las prioridades sanitarias para evitar que las brechas sociales sigan profundizándose.




