El Juzgado Civil y Comercial 7 de Mercedes ha decretado la quiebra y liquidación patrimonial de la láctea La Suipachense, compartiendo destino con ARSA, proveedora de SanCor. A casi cien días del cierre, los trabajadores mantienen la incertidumbre y la desesperación de ingresos flacos, proveniente de changas.
Esta decisión judicial formaliza el cese de operaciones de la planta de Suipacha, dejando a 140 trabajadores sin empleo tras un prolongado conflicto gremial. El cierre se ha convertido en un símbolo de la crisis que atraviesa el sector lácteo argentino, provocado por un cúmulo de deudas, deterioro operativo y lo que la municipalidad local describió como «abandono empresario».
El Drama de los Trabajadores
La quiebra ha generado un fuerte impacto en Suipacha, que dependía de la empresa como uno de sus principales motores económicos.
Desde principios de julio, los empleados no perciben sus salarios y las deudas se acumulan. Pese a la situación, mantienen un acampe en la puerta de la fábrica —que hoy cumple 95 días— para custodiar los bienes de la empresa, aferrándose a la esperanza de una recuperación.
A casi cien días del cierre, Mario Nelchi, secretario Adjunto de Atilra, enfatizó la gravedad de la situación, que trasciende a los operarios: «El pueblo hoy en día lo está sintiendo [la falta de sueldos] y creo que en el transcurso de los meses, si no hay cambios, va a ser mucho más duro».
Salida Amarga
Para el gremio, si bien «quiebra» es una «mala palabra», representaba la única vía para desplazar al grupo Maralac (Carlos y Manuel Fernández), acusados de «vaciar la empresa». Los trabajadores buscan ahora que otra persona o grupo tome el control.
Para paliar la falta de ingresos, los exempleados han recurrido a trabajos precarios y «changas» como cortar pasto o lavar autos, generando una inesperada competencia laboral que se extiende al resto de la comunidad de Suipacha.
Escuchá la entrevista completa a Mario Nelchi, trabajador de La Suipachense:




